Al terminar la ceremonia, deja el tambor en un lugar limpio, fresco y ventilado. Evita guardarlo de inmediato en una funda cerrada para que la madera y el cuero se estabilicen.
Retira humo, ceniza y polvo con un paño suave y seco. Si hay suciedad adherida, humedece apenas la tela, limpia por zonas pequeñas y seca enseguida.
Mantén el tambor lejos del sol directo, radiadores y corrientes extremas. Los cambios bruscos de temperatura o humedad pueden deformar la madera y alterar la tensión del cuero.
Observa la membrana, el aro y las uniones antes de volver a tocarlo. Un sonido apagado, demasiada tensión o una vibración extraña pueden indicar que necesita reposo.
Guárdalo en un espacio seco, ventilado y protegido del polvo. Usa una funda transpirable, sin comprimir el instrumento, y evita colocarlo cerca de objetos húmedos o pesados.
Si aparecen grietas, moho, desgarros o deformaciones, no intentes repararlos con productos caseros. Consulta a un artesano especializado y continúa tratándolo con respeto y cuidado.