Antes de tocar la pieza, investiga su origen, uso, historia y propietario. No supongas que es sagrada por su apariencia ni intervengas si desconoces su función.
Examina madera, plumas, fibras, cuero, piedra, metal o pigmentos. Cada material reacciona de forma distinta al agua, el calor, el humo y los productos de limpieza.
La limpieza física retira polvo o suciedad; la purificación ritual pertenece a una tradición concreta. No las mezcles ni inventes ceremonias sin conocer su sentido.
Evita agua, aceites, perfumes, humo, fuego o plantas desconocidas. Pueden manchar, resecar, deformar o causar alergias, además de alterar elementos delicados del objeto.
Si la pieza tiene valor comunitario, fue consagrada o pertenece a una tradición viva, pide orientación a una persona autorizada. El respeto incluye saber cuándo no actuar.
Manipula el objeto con manos limpias, movimientos suaves y un soporte estable. Después, guárdalo protegido del sol, la humedad, el polvo y los cambios bruscos de temperatura.