El hidrolato de lavanda es el agua aromática que se obtiene al destilar la planta con vapor. Purifica el ambiente de forma suave y delicada, ideal para limpiar energías sin saturar.
No es solo agua con aroma: la destilación separa compuestos y aporta propiedades suaves. La higiene de frascos, agua y utensilios define la calidad y evita contaminación indeseada.
Necesitarás flores de lavanda frescas o secas, una olla grande, un bol para condensado, hielo y frascos esterilizados. Con estos elementos puedes hacer una versión casera efectiva.
Coloca lavanda y agua en la olla, invierte la tapa y pon un bol en el centro para recoger el hidrolato; añade hielo sobre la tapa para favorecer la condensación y hierve a fuego lento.
Potencia la limpieza con intención: visualiza o enuncia tu propósito mientras destilas, carga el hidrolato con una afirmación y, si quieres, añade unas gotas de aceite esencial con precaución.
Guarda el hidrolato en frascos oscuros y limpios, en un lugar fresco y fuera del sol. Bien conservado dura meses; si huele mal, se turbia o aparece moho, descártalo inmediatamente.